La figura de este II domingo de Cuaresma es “Jesús transfigurado”, me hace recordar un e-mail que me escribió un amigo que fue a Haití como voluntario ante el terremoto. Me escribió: Veo “rostros desfigurados” no tanto por cuestiones físico -biológicas, sino sicológicas, pues muchas personas no quedaron sólo sin casa, sino y sobre todo sin hogar, sin familia.
Hay familias conjuntas sobrevivientes que a pesar de que su casa fue destruida siguen unidas, y comparten la vida en carpas o en chozas de madera de cartón y plástico.
Por eso –me explicaba- que la tarea que desarrollan como agentes sanitarios no es únicamente curar heridas y enfermedades, sino implantarles un rostro nuevo de esperanza, curarles la mirada perdida y abrirles los ojos de optimismo. Al principio era difícil, pero poco a poco lo vamos logrando, hasta la barrera del idioma cada vez es más pequeña, Yo entiendo más francés y ellos más español.
Y en verdad se nota el cambio de los rostros del primer día, a los de hoy.
Paúl Fernando Dávila, OP


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